El ocaso de un genio

Gottfried Wilhelm von Leibniz.jpg

De Christoph Bernhard Francke – /gbrown/philosophers/leibniz/BritannicaPages/Leibniz/LeibnizGif.html, Dominio público, Enlace

El 14 de noviembre de 1716 falleció en Hanover, Gottfried Wilhelm Leibniz. Geor Ludwig von Hannover, Elector de Hannover (nombre con el que se le dominaba a quien regía un Electorado, un estado dentro del Sacro Imperio Romano-Germánico durante la época tardía de la Era Moderna), rehuyó asistir a su entierro. Leibniz había servido con ahínco a tres gobernantes consecutivos de la Casa de Brunswick. Geor Ludwig fue el último descendiente de la casa en donde Leibniz ejercía como gran sabio(estamos al comienzo del afán de los gobernantes en disputarse el mecenazgo de las mentes más privilegiadas).

La razón nadaba corriente arriba del Canal de la Macha. Por los cruces de sangre, Geor Ludwin se había convertido en rey de Gran Bretaña y de Irlanda el 1 de agosto de 1714. El primer monarca de la casa Hanover de Gran Bretaña e Irlanda, que dará reyes a Inglaterra hasta 1917, cuando Jorge V decidió cambiar el nombre, para esconder su procedencia germánica.

Geor Ludwig von Hannover, designado rey bajo el nombre de Jorge I de Gran Bretaña, lidiaba con otros problemas añadidos al peso de la corona, como obtener el cariño de sus súbditos. Apenas habló inglés de manera fluida en su reinado y luchó durante los dos primeros en asentar las delicadas patas de la silla real (un auténtico juego de tronos). Para más preocupaciones, tres años antes de su nombramiento, un mindundi llamado John Keill había acusado a su adalid de la ciencia de plagiar a Newton.

La acusación brotó en varias ocasiones anteriores, con tintes de sana (y a veces no tan sana) rivalidad entre gentes de ciencia, y ante el avance fulgurante que el nuevo cálculo estaba realizando en el continente, a espaldas de la pérfida Albión. La eclosión del genio de Newton eclipsaba a cuantos estaban a su alrededor, y los sabios continentales debían reconocerlo.

Aquella acusación de John Keill, lanzada en Philosophical Transactions, la publicación bandera de la Real Sociedad de Londres, melló el ánimo de Leibniz por encima de cualquier otra acusación. Él había sido merecedor del nombramiento de miembro externo de la Sociedad. Reconocimiento otorgado desde 1673, cuando había mostrado su máquina capaz de realizar cálculos aritméticos. En aquella maravillosa década de 1670-80, cuando la manzana de Newton revotó de su cabeza a las manos de Leibniz.

Inmediatamente Leibniz requirió un disculpa y la Real Sociedad (que no de San Sebastián) respondió con una investigación. El peso de Isaac Newton, a la sazón, Presidente de la sociedad científica, decantó la balanza. Eran innecesarias las réplicas y contrarréplicas sobre la paternidad del cálculo: los dados estaban echados.

Leibniz malgastó sus últimos años, apartado de la corte de Hannover, con los vilipendios de los newtonianos, desapareciendo sin que ninguna de las prestigiosas academias, a las cuales había contribuido en su engrandecimiento, considerasen conveniente honrar su memoria. De la corte de su mecenas, el ya entonces rey Jorge I, sólo un secretario asistió al funeral; posiblemente a levantar acta.

Epílogo

Quizás se pregunten por qué de esta entrada. La misma es el resultado de una pequeña rabieta al preparar un tema para una entrada con la que participar en el carnaval. La idea primera era hablar de las ecuaciones diferencias, su historia, el leitmotiv de este blog. Al consultar la wiki sobre las ecuaciones diferenciales y leer su historia, pone:

ecd_wiki

¡Lo ven! Se fijan cuando Isaac Newton escribe la lista, por primera vez, de tres clases de ecuaciones diferenciales. ¡Pues no! Newton nunca escribió eso, porque en 1671 ya estaba muerto. Y aunque era una reedición de su tratado del Método de las fluxiones y series infinitas, publicada en 1736, cuando llevaba nueve años muerto, tampoco lo expresó así. La clave de la fulgurante expansión del cálculo no se debió a Newton; sino, como se escribe en Controversia del cálculo, al poder expresivo de la notación de Leibniz. La misma que es el punto de inicio de las ecuaciones que aparecen en la wiki, y con el mismo nombre que Leibniz nos legó: cálculo diferencial e integral.

Este post participa en la Edición 7.X del Carnaval de Matemáticas cuyo anfitrión es el Blog del IMUS.

PD: Las ecuaciones diferenciales tampoco nacen con la obra de Newton, pero eso es otra historia.

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