Juventud y longevidad

Interesante reflexión la que publica Sergio Parra en Genciencia, sobre la idea de que la brillantez matemática es efímera y se produce en la juventud. Como cualquier dicho, todo es matizable. Por ejemplo, Gauss es el mayor genio que ha dado las matemáticas; de joven y de mayor, pero sus mayores logros fueron de joven. Otra cuestión es la mensurabilidad de los logros. Newton desarrolló el cálculo diferencial con menos de 30 años, después se negó a atenderlos. A Cantor le estresaba tanto las matemáticas que terminó en un manicomio, y Kurt Gödel murió de «desnutrición e inanición causadas por perturbaciones en la personalidad» (wiki); vamos, que a la muerte de su esposa dejo de comer por miedo que le enveneran.

Lo que sí es innegable es que el oficio de matemático parece conllevar cierta longevidad. Es decir, que los matemáticos no parecen estresarse demasiado con su trabajo, y que la vida universitaria puede ser muy apacible, algo así como las de los monjes benedictinos.

Bueno, no es que me queje de mi vida como matemático, pero me imagino que tampoco se han quejado los profesores de filosofía y letras que he conocido.

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